¿CÓMO ENFRENTAR EL 2021?

En diciembre de 2019, muchos hicimos nuestros propósitos de año nuevo. Veíamos el 2020 con optimismo y con grandes ilusiones. Aunque ya habíamos escuchado que, en China, se descubrió un nuevo virus altamente contagioso. Sin embargo, nunca nos imaginamos lo que este año nos tenía preparado: una Pandemia que afectó de manera considerable la forma de vida en todo el mundo y que no nos permitió cumplir con gran parte de nuestros propósitos.

Los planes de muchas personas se vieron frustrados, desde la pareja de enamorados que había planeado una gran boda con muchos invitados, el empresario que pretendía agrandar su planta productiva, el ejecutivo que estaba a punto de cambiar de empresa con un puesto y un salario mejores o quienes, por meses, habían planeado el viaje de sus sueños. Sí, muchos de esos anhelos se derrumbaron de manera lastimosa.

Además, una gran cantidad de personas se quedó sin empleo porque la empresa donde laboraban tuvo que cerrar de manera definitiva y otras, desgraciadamente más de los que hubiéramos querido, han perdido la vida.

La pandemia trajo consecuencias inesperadas y todo apunta a que estará con nosotros muchos meses más, a pesar de que las grandes empresas farmacéuticas han unido esfuerzos para desarrollado sus respectivas vacunas que pueden ser una luz al final del túnel, pero que de ninguna manera significa el fin de la enfermedad, al menos hasta que la población mundial este vacunada, lo que implica una logística enorme por parte de los gobiernos de todos los países.

NO SE DEBE PERDER LA ESPERANZA

Con todo eso, ¿cómo podemos prepararnos para el 2021? ¿Qué propósitos de año nuevo podemos tener? ¿Cómo soñar con un porvenir en medio de esta incertidumbre? ¿Cómo no perder la esperanza? ¿Cómo recuperar nuestros sueños y volver a plantearlos para el año que viene? ¿Cómo combatir el desánimo y la depresión que la pandemia provocó?

Tal vez el panorama no sea el más prometedor, pero debemos tener en cuenta que, como toda crisis, esta pandemia será transitoria, en algún momento pasará y que, por ningún motivo, debemos perder la esperanza ni la motivación para plantearnos objetivos concretos que nos interesen como una forma de seguir adelante. Por nosotros mismos, nuestras familias, nuestra comunidad y por el mundo.

La motivación debe venir de adentro de cada uno, del interior de cada persona y, aunque existan factores externos que interfieran en el logro de nuestras metas, no debemos permitir que esos factores rijan nuestras motivaciones o nos impidan animarnos para lograr lo que deseamos.

EL PROPÓSITO MÁS IMPORTANTE DE AÑO NUEVO.

El primer factor para considerar es, desde luego, LA SALUD. Los gobiernos han intentado distintas alternativas para combatir la pandemia con resultados cuestionables y en algunos otros, con respuestas desastrosas y han dejado la responsabilidad de cuidarse a los mismos ciudadanos.

Entonces tomémosles la palabra. De nosotros y sólo de nosotros depende nuestra salud y bienestar. Desde luego que debemos aplicar las medidas básicas de seguridad, higiene, distanciamiento y aislamiento que se requiere. ¡Que ese sea nuestro primer propósito de año nuevo! ¡MANTENERNOS SANOS!

Los abuelos decían: “Con salud, todo se puede”. Y tenían razón. Hoy la salud es el bien más preciado que tenemos. Atesorémosla como se debe. Estar sanos representa el mayor reto que podemos enfrentar y que debemos lograr con éxito. Sin importar edad, condición social o religión.

Con salud tenemos un alto porcentaje de alcanzar otras metas. Siempre y cuando sean lógicas y factibles. No pretendamos cosas imposibles porque sólo conseguiremos frustrarnos. Pensemos, desde nuestra perspectiva particular, ¿qué dejé de hacer en este tiempo de aislamiento? ¿Qué cosas pude aprender para capacitarme mejor? ¿Cómo pude contribuir a mejorar el ambiente en mi hogar, con mi familia, con la sociedad?

LA CRISIS DE SALUD, NO DEBE SER UN PRETEXTO PARA LA INACCIÓN.

Sí tomamos a la pandemia como un pretexto para la “inacción” estamos perdiendo nuestra individualidad y nuestra autonomía como seres humanos. Dejarnos deprimir por el panorama es dejar de asumir nuestra responsabilidad con nosotros mismos y con los demás. Si nos sentamos a llorar por lo que nos sucede esperando que el cambio llegue del exterior y nos mantenemos preocupados y no ocupados, es más probable que nos gane la desesperación y que hasta pongamos en riesgo nuestra salud mental.

Para replantearnos las metas que no se alcanzaron en el año que está por terminar, es necesario tener en cuenta algunas consideraciones.

  • Ser objetivos al valorar la realidad. Aceptar que aún no hay certidumbre sobre ciertas cosas y, basados en la experiencia de este año, tomar en cuenta la posibilidad de imprevistos al replantearse las metas.
  • Ser flexibles. Si este año no lograste cumplir tus metas, eso no implica que no puedas retomarlas o que las puedas cumplir más adelante, pero no necesariamente se debe renunciar a ellas.
  • Enfocarse en lo que quieres traer a tu vida y no en lo que quieres evitar.
  • Establecer prioridades, identificando necesidades e intereses, pero adecuándose al contexto actual.
  • Decidir si aún están vigentes los intereses o las motivaciones para esas metas o si han cambiado de alguna manera, de nuevo se debe ser flexibles y creativos para adecuarlas a la nueva realidad.
  • Plantear las metas a corto, mediano y largo plazo. Enfocarse en lo más inmediato. Lo ideal es que esas metas sean alcanzables para generar confianza y estimularte a seguir adelante y, de ser posible, que sean metas que te abran camino a las de mediano y largo plazo.
  • Valora el proceso y no la meta final. Esto te ayudará a cuestionarte ¿qué pequeña cosa puedo hacer hoy que me ayude al alcanzar mi meta? Y enfocarte en cumplirlo. “Los pequeños cambios pueden pavimentar el camino para cambios mayores” (Mc Gonigal)
  • Reconocer de manera objetiva qué se puede controlar o gestionar y qué cosas no. Eso depende únicamente de ti.

Todos tenemos planes que se han aplazados por un tiempo, pero no para siempre. Hoy la humanidad enfrenta el reto más importante en lo que va de este siglo. Los libros de historia hablarán de esta crisis de salud y de cómo la enfrentamos. Qué cosas hicimos mal y, sobre todo, qué cosas hicimos bien, como individuos, como sociedad y como raza.

Esta raza humana que ha sido capaz de superar innumerables catástrofes y que a pesar de todo sigue evolucionando. Sigue dejando su huella en el único mundo que tenemos y que debemos conservar de la mejor manera para que las futuras generaciones aprendan de nuestros errores y que nunca, jamás vuelvan a cometerlos.

En este momento la fe y la esperanza en nosotros mismos, es lo que debe mantenernos a flote para pensar en un mundo mejor. Es tiempo de reflexión y de planear. Es tiempo de ponernos de pie y ver hacia adelante. Es tiempo de rescatar nuestros sueños, anhelos y propósitos y concretarlos. Es tiempo de ser cada vez mejores.

Texto: Ricardo Tejeda

Para Recruiters & HR Advisors LATAM

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